viernes, 1 de febrero de 2008

OBSTINADOS

Esa manera aferrada de defender sus ideas, esa persistencia, esa pasión, esa frecuente inclinación a la persuasión… nunca dejaba ganar a nadie en las discusiones, y ciertamente, llegaba un punto en el que nadie quería ganarle. Lo adoraba, adoraba eso en ella de tantas formas. Después lo amé tanto como la amé a ella.

Pasados los años, los pleitos y las arrugas… la pasión se tornó en obstinación, la obstinación se volvió testarudez y la testarudez se convirtió en una horrible terquedad. Lo odié, lo odié tanto que la llegué a odiar a ella también. La odié lo suficiente para dejarla sin avisarle, para hacer mis maletas y jamás regresar.

De ella no supe más… y de mí, de lo que me llevé sin poder evitarlo, sólo queda esta punzante vena que me obliga a siempre rebatir cualquier comentario, cualquier idea; este punzante impulso de nunca dejar que nadie más que yo tenga la razón. Y lo odio, lo odio tanto como la odio a ella.


-R. Blancas

3 comentarios:

the lines on my face dijo...

uffff, muy chido!!! me identifiqué
muchos abrazos ;)

Megara dijo...

woow jaja...está super chido! me encantan esos cuentos "mini" que son a veces mejores que libros de 100 pags.!
besos

Roxana dijo...

Me sonrojo aunque mi color de piel no lo permita tanto xD


Gracias a las dos!!!