Tengo aproximadamente menos de dos semanas para entregar el primer borrador de mi tesis. La idea es que entre las correcciones y los trámites no me demoren más de dos meses para poder titularme en diciembre. ¿Por qué? Porque quiero empezar una maestría en abril del próximo año y resulta que en la UAM las inscripciones son en enero. Por si no fuera poco, la semana en la que tengo que entregar mi tesis, también tengo que presentar tres extraordinarios de las últimas tres materias que debo...
Ahora, si realmente tengo tantas buenas motivaciones para terminar esta maldita tesis, ¿por qué estoy escribiendo al respecto en lugar de seguir trabajando en ella? Pff... siempre he sido una floja en toda la extensión de la palabra, y me he dado cuenta de que sólo funciono a mi máximo en situaciones de estrés y presión exageradas. Y vaya, terminar una tesis que va a un poco más de la mitad en 12 días ya es bastante presión, pero... creo que funcionaré aún más cuando me queden 5 días. ¿No es eso ridículo? ¿Por qué la mayoría de las personas no trabajan hasta que tienen el tiempo y la responsabilidad y el mundo encima?
A veces me gustaría ser más organizada, menos... huevona, digámoslo, me gustaría ser menos huevona. Porque no se trata de un problema fisiológico o existencial o cultural (bueno, tal vez sí cultural). Me cuesta mucho trabajo concentrarme en algo por más de media hora. Y no tengo esa enfermedad sacada de la manga por escuelas fancy que se hace llamar déficit de atención. Simplemente, cuando algo no me apasiona o no me interesa, soy incapaz de darle toda mi atención. Y esta tesis ya me ha quitado las ganas de vivir por mucho tiempo. Me sorprende no encontrarme justo ahora aventándome de un puente.
Recuerdo que a finales de mi segundo semestre en la carrera me pasó algo similar a esto (claro, en proporción a cómo han cambiado mis cargas de trabajo). Era costumbre mía y de varios de mis amigos dejar todo el trabajo hasta que faltaran pocos días para la entrega de los finales, así que cuando faltaba menos de una semana me ponía a leer un chingamadral de libros que terminaban enredándome las neuronas de tal manera que pasaba las siguientes semanas sin poder hablar bien. Pero lo lograba, de alguna manera siempre lo lograba. No fui nunca la de las calificaciones excelentes, pero tampoco entré al círculo de mediocridad ―y eso que mi carrera nunca me gustó mucho. Ese semestre en especial todo me daba mucha hueva. Teníamos un trabajo súper pesado de Medieval. Creo que fue el que nos entrenó para futuros dolores de cabeza. El caso es que un día antes de la entrega del trabajo yo tenía... NADA. El trabajo consistía en responder 5 preguntas (que en realidad eran 5 ensayos), tres cuartillas por cada una, citando 5 libros y 3 revistas por cada hermosa pregunta. O sea que básicamente tenía que leer unos 25 libros y 15 artículos para después redactar 15 cuartillas de cosas que me mataban de aburrimiento. Pero esa presión no bastó para que yo me dedicara a trabajar desde la mañana. Después de hacerme wey toda la mañana, prendí la computadora hasta las 5pm y me puse a platicar con quien fuera que estuviera en el msn. De pronto dieron las 12 de la mañana y me di cuenta que me quedaban 9 horas para leer, redactar, imprimir y correr a la Facultad. No tengo idea de cómo lo hice, sólo recuerdo que me atasqué de refresco y dulces para no quedarme dormida. Y lo logré... claro, el trabajo dejaba mucho qué desear, pero salvé mi materia con un 8.
*sighs* Tengo serios problemas, ¿no es así?
Espero que la historia de mi vida no se repita con esta tesis. Odio esto de la academia, pero con este librito le diré adiós. ¡ADIÓS PARA SIEMPRE!
Por fin me dedicaré a las cosas que en verdad me gustan. ¿Entonces lograré dejar de funcionar bajo ridícula presión en mi maestría?
Maybe... We'll see...