Creo que no hay nada peor que sentarse a escribir cuando no se tiene ni tantita inspiración o motivación suficiente. Sé que ya he venido a quejarme sobre mi falta de inspiración y me han recomendado muchas cosas al respecto. Pero ¿saben qué? IT JUST SUCKS. Eso de depender de que a Doña Inspiración se le ocurra venir es asquerosamente frustrante.
No hace muchos años debrayaba con el sueño de vivir de lo que escribía, que creo que básicamente era el sueño de la mitad de las personas que entramos a Letras Hispánicas; pero bueno, también jurábamos que seríamos los próximos premios Nobel de literatura (¡ja!) y que nuestros libros serían la próxima sensación... oh, éramos tan jóvenes e inocentes.
Ahora sólo sé que si no logro obtener esa disciplina de sentarme frente a la computadora diariamente y romperme la cabeza sobre la piedra hasta que brote el agua -como diría Sabines- no podré considerarme una escritora hecha y derecha. Pero... ¡es tan difícil! Llevo casi dos meses escribiendo al menos tres veces a la semana y no he logrado más que apilar una sarta de mamadas que seguro podría venderle a Carlos Fuentes para logre completar sus veinte libros de este año.
Quizá deba considerar abrir mi puesto de tacos. Nombraré las diferentes opciones con títulos de novelas, así sabré que sirvió de algo estudiar Letras. ¿No se les antoja un Don Quijote con queso? ¿o un Rayuela con papa? Quizá una parrillada del Decamerón. Podría pegar, ¿no?