miércoles, 20 de enero de 2010

CERTIDUMBRES

Lo último que Abraham le prometió a su hijo fue que nunca más tendría que pasar ni hambre ni incertidumbre sobre el techo que lo cubriría al dormir. Lo que él no sabía era que al cruzar la frontera moriría de inanición en el desierto, dejando aquel gran sueño americano reducido a una pesadilla local. Ni su hijo ni su esposa volverían a saber de él; pocos meses después de su partida les quitarían su terreno para construir una nueva unidad habitacional que contaría con spa, gimnasio y unas palmeras con cocos.


-R. Blancas

martes, 5 de enero de 2010

FASHION VICTIM

Pues sí, las baratas que me importan empezaron ayer 4 de enero, o sea, las de Pull & Bear, Zara, Bershka y Massimo. Para mí EL evento del año siempre es el inicio de esta locura de viejas histéricas y psicópatas en busca de ropa buena, bonita y barata. Lo más padre es que es un evento que sucede dos veces por año, no como mi cumpleaños o la Navidad.

Acepto que soy una completa y total víctima de la mercadotecnia, si no tengo tal playera o tal par de botas que están en el aparador muero de la pena. Amo la ropa, no puedo evitarlo. A veces me gustaría no estar gastando tanto dinero en esta debilidad, pero no he encontrado otra cosa que me haga perder la cabeza de esta manera –bueno, salvo los libros quizá.

Lo que me lleva a escribir acerca de esta "banalidad" (entre paréntesis porque para mí ya no es tan banal) es el hecho de que no estoy sola en el mundo. Somos muchas las locas histéricas que esperan con ansias el día en que estas baratas empiezan. La prueba está en que hoy casi todas las mujeres del D.F. estaban en estas tiendas. Y si no eran casi todas, al menos lo parecían. Las filas le daban dos vueltas a las tiendas en algunos casos, yo me tuve que chutar como seis de ésas. Lo ideal siempre es ir acompañado de otro loco histérico que busque ropa buena, bonita y barata porque así uno hace fila mientras el otro arrebata la ropa (sí, ya me ha tocado estar peleando por alguna prenda, especialmente con señoras que uno no imagina con la ropa de la tienda), luego cambian lugares y así hasta llegar a la caja. Pero bueno tampoco falta el buen novio o el pobre esposo que llevan sólo para dejarlo formado en la fila en lo que la chica se avienta a la jungla de la ropa. Yo lo he hecho, pobre de mi novio, qué cosas tiene que aguantar. Lo mala onda sí es llevar viejitos a que se formen, ¡o niños! Ya me ha tocado ver los dos... jajaja, pobrecitos, esos sí sufren de lo lindo.

Esta vez no peleé con nadie, lo cual fue también todo un evento. Normalmente es muy fácil perder la cabeza en medio de tanta gente que mueve ropa a todos lados, que avienta y que a veces arrebata ropa de las manos. Una vez me tocó una señora que vio cómo se me estaban cayendo las playeras que llevaba en las manos, lógicamente, decidió empezar a seguirme recogiendo cada playera que yo tiraba. Cuando me di cuenta de que llevaba menos ropa volteé y le dije: “Ay, esas son mis playeras, se me cayeron”, la señora me contestó muy amablemente “¿Ya las pagaste? ¿No verdad? ¡Entonces NO son tuyas!”. Y se fue con mis playeras. En mi primer barata, cuando nos hacían formar afuera de la tienda antes de abrir (porque sí, la muchedumbre está amontonada afuera aprox. media hora antes de que abran), la primer señora que pudo entrar cuando abrieron Zara se aventó encima de una mesa con suéteres y comenzó a gritar que eran suyos, que no los tocaran… obviamente la señora no duró mucho tiempo ni en la mesa ni en la tienda, pero nos hizo el día.

En fin, el chiste de todo esto es aceptar mi obsesión, no sé si es un problema… pero… ah… ¡cómo amo las baratas!





Cheers!